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miércoles, 10 de octubre de 2012

La vasija de Salvador


Afrontar los problemas es el mejor método para solucionarlos. 

Cansado de los continuos robos que sufría en su tienda, Salvador decidió reunir a todos sus trabajadores para una vez por todas, descubrir al culpable. 

Una vez reunidos, saco una vasija de barro y dijo: -Hoy por fin voy a descubrir al que me roba; pero aún tenéis una oportunidad, decidme en secreto, si queréis, quién de vosotros es y le perdonaré. 

Los empleados se miraron unos a otros con extrañeza. Era un jefe magnánimo y bueno, ¿por qué robarle? 

Bien, dijo: -Introduciréis vuestra mano dentro de esta vasija de barro y si el culpable se encuentra entre vosotros, el gallo que hay dentro de ella cantará. Entonces, saldrá de mi tienda y de mi vida para siempre, llevando como equipaje el peso de su propia vergüenza. 

Todos se miraron y rieron, ¿Cómo puede ser? ¿Un gallo delator? Jajaja, Se está volviendo loco,   -pensaron. 

-No tengo hijos, ni familia, -decía el pobre Salvador -decidme por última vez, ¿quién de vosotros es? ¡Por favor! 

Pero nadie se atrevió a decir ni una palabra. 

-Está bien, apagaré la luz para que no sintáis el temor que mis palabras os hayan podido infundir. Ser dignos e introducir vuestra mano en la vasija que nada os pasará.

Y así uno a uno, fueron introduciendo su mano en la vasija en la oscuridad. Pasados unos minutos Salvador pregunto: -¿Habéis introducido todos vuestra mano en la vasija?.  –Sí señor, contestaron al unísono. 

Al encender la luz Salvador pidió a todos sus empleados que le enseñasen sus manos. Todos ellos tenían la mano teñida de negro a excepción de uno. 

Muy entristecido ante tantas oportunidades que le había dado, le dijo: 

-  Pobre diablo, no había ningún gallo en la vasija, sino tinta. 

Tu mano esta blanca, pero no es de pureza sino de cobardía.   

El destino está escrito con lápiz, cuando la vida te de la más mínima oportunidad de cambio para tu bien, no lo pienses y actúa. 

Son muchas las oportunidades de cambio que se nos presenta y ante el miedo no actuamos permaneciendo siempre en el mismo sitio y por consiguiente obteniendo siempre el mismo resultado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
María del Carmen Aranda

1 comentario:

  1. Es una adaptación interesante de un relato que ya había leído con otros giros (la codicia que atrapa la mano). La culpa y la codicia siempre son antagonistas en un enfrentamiento por el alma de las personas. Esta es una historia que lo pone a pensar sobre el valor de la honestidad. Gracias por compartirla.

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