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miércoles, 24 de octubre de 2012

Sólo le quedaban los ojos para llorar

Era una mañana de otoño y las hojas de color ocre y verde pálido de aquel bello árbol caían dejando en el punto de abscisión, sus pequeñas heridas.


La niebla y el frío, deberían haberme dado los buenos días sin embargo fue la luz de un radiante sol la que me acompañó aquella mañana.
Sobre una ajada y usada tela, casi tumbado a falta de sus piernas y el peso de su espalda, estaba Erdo.

Tenía unos cincuenta años y una cara desdibujada entre dulce y a la vez amarga, que se enmarcaba como un retrato barroco, en la esquina de aquella concurrida plaza.

Según pase por su lado, Erdo me miro, pero yo no pude soportar su mirada. ¡Cuánta historia en esos bellos ojos se encerraba!

Erdo, de origen africano, me contó sin mediar palabra la añoranza que sentía por su familia, por su casa, por su tierra de tantos años de ausencia, en su memoria casi perdida.

¡Cuánto hubiese dado Erdo por volver atrás!, pero ya era demasiado tarde, lo cambio todo por ese otro mundo lleno de ilusiones y utopías.

Su frente sudada, calentada por el ardiente sol, permanecía erguida, soportando la continua humillación de permanecer en esa sobria plaza, en un maloliente rincón casi escondido. Erdo, un día tuvo un hogar, tuvo una vida y ahora, sólo de las migajas de algún transeúnte humanitario, vivía.

Le deje unas cuantas monedas en un saquito que de su mano, ya casi anciana y temblorosa, pendía.

-Gracias, me dijo.- Sólo me quedan los ojos para llorar, porque hasta los recuerdos de lo que una vez fue mi vida, he perdido.

Me despedí de Erdo con la mirada, un nudo en mi garganta me impidió decirle adiós.
 
Al igual que los ríos de la vida, Erdo fue conducido hacía el mar, sin bote, sin remos, sin salvavidas, sólo con sus manos, intentando día tras día llegar a una cercana orilla.
 
Hay muchos Erdo a nuestro alrededor con ilusiones desvanecidas. Sus ojos se me clavaron en el corazón y sin embargo no pude hacer nada por él, sólo, entregarle mi compasión.
 
 
María del Carmen Aranda.

2 comentarios:

  1. Amiga María:Muy significativo este relato y a la vez enternecedor, tiene pinceladas de estampas que están latentes en la vida de hoy, que por desgracia la solución a estos problemas, no sólo que no es fácil, sino que hay mucha gente que no les interesa paliar estos problemas, porque sin ellos no vivirían con el gran confor que están viviendo.

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  2. en cada ciudad, en cada rincon, y nadie hace nada... triste realidad.

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