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jueves, 21 de marzo de 2013

Terapia de Machos.Episodio I: “Roll-Call”

Jueves.
 
“Al fin llegó el gran día” pensó Guillermo mientras volvía a releer la lista que tenía enfrente por enésima vez. Y, a medida que la leía, iba tildando los nombres y haciendo notas al costado con su boli de color verde. Mientras repasaba los seis nombres que estaban en ella, recordó cómo había llegado hasta ahí, hasta ese momento “bisagra” en su vida, qué podría significar tanto su cielo, su resurgir del fondo del lodo del océano, como su mismísimo infierno. Sin embargo, él prefería visualizarse como una Flor de Loto, nacida del fango.
 
Guillermo Macedo se había graduado de Psicólogo hacía ya veinte años, pero los últimos quince se había dedicado a los Recursos Humanos. Su última posición había sido como “Director de RRHH para el Mercosur[1]” de una conocida empresa de bebidas cola. Pero entonces, la maldita crisis había llegado aunque la señora Presidente se empeñara en decir que todo estaba bien y que vivíamos en el País de las Maravillas, aquel de Alicia. La cruel realidad era que desde el 2009 que Guillermo estaba parado. Pese a su impresionante curriculum, no conseguía un trabajo a su altura. Ni a su altura ni por debajo de ella, ya que para cualquier oficio Guillermo estaba “sobrecalificado”. Sus ahorros habían comenzado a mermar hasta ya casi ni tener efectivo y sobrevivía haciendo malabarismos con sus tarjetas de crédito y algunos pequeños trabajos para consultoras amigas. Su crisis profesional y económica había terminado también por interferir en su vida personal, ya que su pareja (ahora ex) Sofía, decidió ni lenta ni perezosa (dos cosas que nunca había sido) poner punto final a una relación de once años, argumentando que Guillermo estaba siempre deprimido y que ella aún tenía cuerda para rato y que no quería que la arrastrara a su abismo oscuro y otros muchos “y qués”. Los dos compartían la profesión ya que Sofía era Directora de Recursos Humanos de una cadena hotelera. La cosa se había dado con la rapidez de un meteoro: a ella le habían ofrecido un ascenso que implicaba radicarse en el exterior-Hawai, precisamente- ella había lo aceptado y Guillermo no figuraba en sus planes a futuro. Nunca se habían casado ni habían tenido hijos, las cuentas bancarias estaban por separado, y no tenían bienes en común, por lo que Sofía hizo sus maletas de inmediato y se marchó, dejando a Guillermo “sólo, fané y descangallado[2]”, como el tango de Discepolo.
 
Pero bien dicen que la necesidad tiene cara de hereje. Si bien a Guillermo nunca le había gustado mucho el consultorio-esa extrema intimidad de la consulta privada lo perturbaba sobremanera- de repente tuvo un rapto de inspiración y viendo una película ochentosa sobre un grupo de mujeres en terapia, se le ocurrió la idea de formar un grupo de terapia solo para hombres, un espacio de reflexión y de contención en donde los de su propio sexo se sintieran cómodos y libres para hablar de sus problemas. Los tiempos habían cambiado y con ellos los roles. El hombre ya no era en muchos casos, el “proveedor” del hogar, sino su mujer la que traía el pan nuestro de cada día, y muchos de ellos se veían ante conflictos y angustias que antes su género no desconocía. Pero... ¿sería una idea rentable? ¿Tendría convocatoria? No lo sabría hasta que no lo intentara. Y Guillermo Macedo era ante todo, un hombre de acción.
 
Sorprendentemente, la convocatoria había sido mejor de lo esperado. A lo largo de tres semanas había tenido varios llamados Y ese jueves, sentado en su escritorio, volvió la mirada a su lista y analizó mentalmente cada nombre, preguntándose la historia que se escondería detrás de la historia de cada uno de esos seis hombres que había confirmado su asistencia.
 
El primero de la lista era José Francisco, un bioquímico de 60 años, cuyos últimos dieciocho los había pasado en prisión, cosa que ser humano alguno podría imaginar al verlo, con esa pulcritud y flema inglesa y esos modos tan correctos, empezando por  su tono de voz tan bajo y melifluo. A José Francisco lo habían condenado a cadena perpetua por el triple asesinato-agravado por el vínculo-de su mujer, el amante de ésta y además, su suegra, a la que había “agregado en el combo” ya que la consideraba como la causante de todos los males que aquejaban a su matrimonio. Ni siquiera se podía decir que aquel había sido un crimen pasional, de esos de gritos, arranques impulsivos, tiros y sangre desperdigada por todos lados. No, no. José Francisco había cometido los asesinatos como siempre se había manejado en su vida: discretamente. Como buen científico que era conocía mejor que nadie la química de las sustancias y los había envenenado a los tres. José Francisco había salido por buena conducta-era un interno ejemplar-y quería reinsertarse en la sociedad. Tenía, además,  dos hijas, a las que no veía desde que eran adolescentes y a las cuales ansiaba volver a ver pero-demás está decir-ellas no querían verlo a él ni en estampitas.
 
Damián tenía treinta y ocho años y en el auge de las bandas juveniles de fines de los ochenta y principios de los noventa, había sido una estrella pop. Vocalista de la banda “Eléctricos”, las adolescentes de los ochenta y noventa suspiraban por él y sus compañeros (pero sobre todo por él, solía pensar Damián). Luego la moda de las bandas juveniles pasó a la historia y el agente de Damián le hizo lanzar una supuestamente promisoria carrera como solista, en la cual sólo logró tener un “hit del verano” pero sin el apoyo de la infraestructura de la banda, muchas de las falencias como artista de Damián quedaron en evidencia y este pasó al olvido tan raudamente como se había hecho famoso. Luego vinieron años en los que hizo de todo para subsistir y a mediados de los años 2000, había intentado reavivar su carrera como solista, pero sin éxito, ni siquiera con su versión remixada de su antiguo hit del verano. Inclusive había formado parte de una versión para “famosos” de poca monta y estrellas eclipsadas de un Reality Show, ese que los encerraban en una casa por tres meses. Cuando estuvo nominado y fue al teléfono junto con una ex vedette entrada en carnes (pero que lloraba como una niña porque extrañaba a sus hijos gemelos de nueve años concebidos por inseminación artificial cuando ella ya había pasado los cuarenta), en la primera mitad del programa, la gente lo sacó con el 87 por ciento de los votos. Siendo tan solo el tercer eliminado de catorce participantes, pasó por el programa sin pena ni gloria, salvo por la escena de sexo hot y triple x que tuvo en el jacuzzi con otra de las participantes.
 
Damián vivía rodeado de sus Posters que le devolvían su pasado de Estrella del Pop, pero lamentablemente, ya nada quedaba de aquel adolescente carilindo y carismático de “Eléctricos” que enloquecía a todas las muchachas. Su otrora cuerpo esculpido se asemejaba al de un ex jugador de Rugby que había pasado años sin entrenar y su cara angelical se había transformado hacía rato, gracias a la cocaína, la heroína, el alcohol y la noche-en una mueca dura y forzada con una mirada vidriosa que estaba más cerca de un zombi que de una estrella del Pop. Damián se sentía perdido, su vida no tenía sentido pero su principal problema era el no poder aceptar su ocaso.
 
Robertino era el menor del grupo. Con sus 23 jóvenes años, había sido derivado por una colega de Guillermo, pensando que el grupo le iba a resultar muy sanador. El principal problema de Robertino era la culpa, una culpa infundada por haber sobrevivido a un accidente automovilístico años atrás, en el que habían muerto su novia, su hermano y tres de sus amigos. Era de madrugada, venían de una fiesta en una estancia, el auto estaba sobrecargado y un camión los embistió. Robertino fue el único que se salvó a la masacre. Hasta el día de hoy, no se explicaba cómo había logrado salir de esa maraña de hierros retorcidos que era el auto de su hermano Nicolás, quien junto a su amada Ayelén, junto a Pancho, a Sebita y a Daniela ahora lo miraban desde el cielo.
 
La historia de Fausto-el cuarto de la lista- era bastante parecida a la del propio Guillermo (cosa que al psicólogo le causó un poco de resquemor por el tema de la bendita transferencia) pero con el agravante de que había hijos en el medio. Fausto era un ejecutivo que hacía tres años que estaba sin trabajo y no conseguía nada. Había sido Director de Marketing de una empresa de alimentos para gatos pero ante la reducción de personal, lo habían despedido, poniendo en su lugar a su asistente, con quien con diez años menos y la mitad de su salario, se podrían arreglar. A los cuarenta y dos años, y pese a todos sus postgrados y “know how”[3], Fausto se la veía negra para conseguir trabajo. Y sin darse cuenta, había pasado de ser un exitoso ejecutivo a ser amo de casa y padre de tres a tiempo completo. Para desdramatizar la situación, el se autodenominaba “Gerente de Familia”. Pero detrás de su buen humor, se escondía una severa depresión y desvalorización. En este momento, era Débora, su mujer, quien mantenía el hogar con su sueldo de maestra de grado en una escuela alemana. Habían tenido que reducir su estilo de vida ABC1, empezando por sacar a sus niños de una escuela privada y mandarlos a una pública. Vendieron la camioneta, se acabaron las salidas a cenar y al cine, los Domingos en el Country dejaron existir, llevándose con ellos los campeonatos de Golf –que Fausto solía ganar-y varios amigos que demostraron ser “amigos de buen tiempo”, esos que en las buenas están a tu lado, pero en las malas misteriosamente, dejan de llamar o siempre se encuentran demasiado ocupados con sus partidos de Golf, sus vacaciones en Punta del Este o los “Concerts” de sus hijos.
 
Darío era futbolista. En realidad, había sido futbolista hacia tiempo, una joven promesa del fútbol nacional que había tenido sus quince minutos de fama en las grandes ligas pero que luego –apenas cumplidos los treinta y por un problema en la rodilla, se había retirado de la cancha y actualmente se dedicaba a ser Director Técnico de un equipo de fútbol de Salón de jóvenes. Definitivamente, el fútbol era su pasión. Algo que no se llevaba del todo bien con su vida personal, ya que Darío era gay. No obstante lo machista del deporte, el DT había tenido prácticamente todos sus romances dentro del confín de la cancha y los vestuarios. Pero al igual que el Ejército en los Estados Unidos, en el fútbol había una política de “Don’t Ask, Don’t Tell” (No Preguntes Nada, No Digas Nada). La primera vez había sido a los quince años en las Ligas Juveniles con su mejor amigo y compañero de equipo, con quien se disputaban el puesto de Mejor Jugador Júnior del Año. Al cumplir los dieciocho, se enredó en las sábanas de un árbitro novato; luego vino un hermoso jugador del banco de suplentes que nunca salía a la cancha, pero que en la cama era un as y así sucesivamente, Darío actuaba en la cama como en la cancha. Su último romance había sido con un famoso jugador que había sido comprado por un club de Barcelona y que se había casado con una botinera-una vedetonga en ascenso que se parecía físicamente a Marta Sánchez en sus primeros años de solista-para disipar cualquier duda acerca de su posible homosexualidad. Y así pasaban los amores de Darío como los penales errados. Tarde o temprano, todos se terminaban casando (usualmente con vedetongas) y él-que se negaba a cambiar de vida y ser infiel a sus deseos-se quedaba solo.
 
Pero además de su soledad y de su mala estrella para los romances futbolísticos, Darío había venido a consulta por un tema que le quitaba el sueño y lo angustiaba: uno de sus “pollos” como él le llamaba, uno de los chicos que él entrenaba, lo hostigaba todo el tiempo tratando de seducirlo. Una seducción adolescente y torpe, pero no por eso carente de perversidad. Y a Darío esto le quitaba el sueño. Veía su culo paradito y redondito debajo de la ducha, sus piernas macizas correr la pelota y se imaginaba su cuerpo lampiño-con uno o dos pelos escasos que le   crecían por el pubis hasta el ombligo- entrelazándose con el suyo. ¿Cuál era el problema? Qué Jonatan-así sin H- tenía dieciséis años.
 
Sin embargo, de toda la lista, el paciente que más le intrigaba a Guillermo era Alejandro. Alejandro era un muchacho de veintiocho años, de orígenes modestos pero que actualmente trabajaba como encargado de un Taller Mecánico. Alejandro amaba los automóviles, los “fierros” como él les llamaba y tenía un tatuaje de Fangio[4] en uno de sus brazos y uno de Evita en el otro. “Mis Dos Amores” les decía. Pero lo que de verdad intrigaba a Guillermo era que en realidad Alejandro nunca le había contado bien su historia ni por qué consultaba, era bastante parco y tan solo le había dicho que “quería encajar” y “afrontar su nueva vida” con la cabeza alta, pero nunca se había extendido en los pormenores más allá de esas pocas palabras, de esa supuesta nueva vida y ante dos o tres preguntas de Guillermo, se sintió incomodo por lo que el Psicólogo  dejó de hacerle preguntas y simplemente depositó toda su confianza en los llamados “factores terapéuticos” del  grupo, sobre todo en el  llamado “Universalidad”, en el que el paciente se siente identificado con sentimientos, ideas o problemas de otros miembros del grupo.
 
Así que ya todo estaba cocinado. La cita del grupo sería todos los jueves a las 18:30 horas, con una duración de entre una hora y media y dos horas.
 
Ese primer jueves, Guillermo dispuso el consultorio en su propio apartamento, ya que no tenía dinero para rentar uno aparte y además, necesitaba hasta el último centavo para pagar los varios meses de hipoteca vencidos, que se seguían acumulando. Reservó un lugar especial en la sala, junto al ventanal por el cual se podía ver toda la ciudad y con el objeto de delimitarlo, dispuso sobre el piso de madera flotante, una especie de alfombra de seda que Sofía se había encaprichado en traer de su viaje a Tailandia hacía unos años y qué nunca habían usado, porque no les combinaba con ningún otro mueble.
 
“A la mierda con la estética” pensó Guillermo, mientras lo extendía por el piso, tratando de tensarlo para que no tuviera arrugas. La tela tenía una gran cara de Buda pintada en su interior, lo cual Guillermo pensó que era bastante oportuno, ya qué iba a necesitar la ayuda de todos los dioses de todas las religiones posibles. Y en lo que se refería a las terapias actuales, Buda –sin ninguna duda-siempre tenía mejor Marketing que cualquier otro dios.
 
Siete almohadones- que Guillermo había conseguido en oferta en el Barrio Chino-completaban el espacio terapéutico. Mientras prendía los velones aromáticos con fragancia a vainilla, sonó el portero eléctrico. El primero de sus pacientes había llegado, quince minutos antes de lo esperado. Su corazón le dio un brinco y se maldijo por haber elegido ese sabor dulzón y penetrante de entre todas las opciones del negocio de velas, que no eran pocas.
 
“Joder, este ambiente da muy gay” pensó mientras se acercaba a atender. Respiró hondo y dijo un “Hola” rotundo a través del auricular (Ya no tenía visor porque el mismo funcionaba con el cable y este se lo habían cortado hacía meses por falta de pago) mientras oprimía el botón platinado del portero.
 
Parándose frente al espejo de pie que se encontraba en la pequeña entrada de su apartamento (Sofía amaba los espejos), se miró por última vez antes del evento. Se acomodó un poco la camisa, se pasó la mano por los cabellos para comprobar que todo estaba en su lugar y ensayó una sonrisa cortés, cálida pero sin ser melosa.
 
Y cuando el timbre de arriba sonó por primera vez, Guillermo Macedo, ex director de Recursos Humanos y terapeuta debutante en un grupo de hombres que habían perdido su GPS, respiró hondo y cual gladiador que sale al circo a enfrentarse a los leones hambrientos, abrió la puerta para dejar paso al primero de sus seis pacientes.
 
 
Continuará...
 
Escrito por:
Gontxu Morán

[1] RRHH: Abreviatura de Recursos Humanos.
[2] Lunfardo Argentino hecho famoso por el tango de Discepolo “Esta Noche Me Emborracho”. Significa solo, ajado y desvencijado.
[3] “Know-How”: Se llama así en la jerga de Recursos Humanos para designar la experiencia, el desenvolvimiento  y la eficacia de una persona.
[4] Juan Manuel Fangio: campeón automovilístico argentino de mediados del siglo XX.

10 comentarios:

  1. interesante relato, espero el siguiente.

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  2. me encanta! Me generò intriga, Gon! cuando sale el pròximo episodio?

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  3. Un relato interesante, fluido, de fácil comprensión, con un tema diferente que explica las vicisitudes por las que pasamos en la vida, especialmente, las ecónomicas que son las que mas nos afectan y recaen sobre las demas, y el desarrollo de la imaginación para tratar de salir del trance, con una modalidad que permite conocer los laberintos del alma y de las personalidades... espero la continuación para saber que seguirá ocurriendo,felicitaciones.
    TRINA

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  4. Denso y complejo el relato. Bien llevado e interesante. Esperaremos al próximo porque promete. Felicidades

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  5. Me gusta, ese sabor tan argentino, esa alusión a los maravillosos tangos y esa forma de mostrar las complejidades de la psicología masculina, tan encerrada muchas veces. Enhorabuena.

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  6. GRACIAS A TODOS POR VUESTRO FEEDBACK!
    NURIA y LILA: El siguiente saldrá el 22 de Abril, en el especial de Primavera.Quizás llamo a VOTACION para ver por qué paciente quieren empezar :)

    TRINA: Gracias. Si, a mi me gusta escribir sobre las cosas que nos pasan pero sobre todo "LO QUE NOS PASA CON LO QUE NOS PASA".La bendita crisis tambien impregna mi vida al igual que la de los personajes.

    FAUSTINO: Gracias! Si bien es de fácil lectura (digamos que tengo una forma de escribir "facil", quizas debido a que he escrito mcuhos articulos y ahi utilizas un lenguaje mas cotidiano) es cierto que el contenido es denso y complejo.

    JUAN: JJja..Es cierto, tiene un dejo de sabor argentino...pero los pacientes podrian aplicar a cualquier otro pais, tb!



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  7. Si, una buena reflección. La crisis ha sacado a relucir las habilidades que muchos pensabamos que no teníamos. La historia tiene un buen gancho y creo que se ira poniendo cada vez más sasonada. Esta muy bueno, Gontxu.

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. Muy bien el relato fluido, intretenido ! y además me haces recordar mi experiencia laboral y una frase que me dijerón "cuando te quedes sin pareja sabrás que aquí estás haciendo bien tu trabajo"

    Saludos!

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  10. CARLOS y JUAN: Gracias por vuestro feedback.
    Carlos, esa es justamente mi intención, que cada vez esté más sazonada.

    Juan....Si sabré yo de eso!!! Siempre fui un "Workaholic Romantico", una mezcla INCOMPATIBLE.Aunque siempre treminó ganando el "Workaholic" muy tristemente...

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